Pensamiento y libre albedrío

Tercer Testamento: Pensamiento y libre albedríoUna gran parte de cuanto acontece en el mundo y en cada uno de nosotros se debe a causa de nuestros pensamientos. Somos seres pensantes, y son nuestros pensamientos los que determinan siempre un resultado benéfico u opuesto en nuestros seres cercanos, y en casos afectar a toda una multitud o la humanidad en su conjunto.
El hombre tiene la facultad de hacer y de obrar, y por su libertad o libre albedrío materializar lo pensado, fruto de su mente espiritual. 
Ninguna criatura del haz de la Tierra puede razonar, meditar y mucho menos reflexionar las causas y los efectos al haber llevado a cabo la materialización de sus pensamientos, excepto el hombre. 
Cada uno de nosotros somos responsables de cuanto obramos o hacemos. Tenemos el don del libre albedrío para actuar y por esa libertad que tampoco ninguna criatura de este Valle posee, el recoger el fruto dulce o amargo de nuestros propios hechos.
Tanto el don del libre albedrío como la facultad del razonamiento no son expresiones o manifestaciones de la carne, sino de ese ser poco conocido, nuestro espíritu. Hay tantos dones, potencias, virtudes espirituales que hay en nuestro propio ser, que con voz sonora nos dice que no somos sólo carne, sino también esencia espiritual.
Hay veces que negamos la existencia del Divino Espíritu y de la vida espiritual, del amor, por todo cuanto acontece en infelicidad e infortunio en nuestro mundo; pero si reflexionamos nuestros hechos, tendremos la certeza que todos hemos sido la causa de nuestro propio llanto y dolor.
A la mayoría nos adolece cuanto acontece en todo el orbe, pero qué podemos esperar sí es el camino que hemos elegido al apartarnos de nuestra verdadera esencia, la espiritual. 
Es cierto que padecemos pobreza e injusticias en muchos sentidos y que las familias necesitan un buen trato, un buen ejemplo, una buena educación, ¿y todo esto no podría suceder si cambiásemos en algo nuestros pensamientos, la forma de encauzar nuestro libre albedrío? 
El mal gobernante por su ambición piensa el cómo obtener más, pero el buen gobernante el cómo ayudar a su pueblo. Si en nuestra familia hay pensamientos positivos, claro que obtendremos y disfrutaremos de resultados benéficos en nuestro hogar; pero si no fuese así, sucede que hasta por un sólo pensamiento negativo ocurren grandes desgracias.
Somos espíritus, no solamente somos carnes. El sentirnos sólo carnes ha sido y es hasta el presente una de las mayores causas el del porqué el hombre sufre y llora en todos los sentidos. El hombre se olvido de su parte espiritual y he ahí su crujir y rechinar de dientes.
Quienes abarcan las diversas ciencias han demostrado con sus estudios e investigaciones todo cuanto se refiere a lo material, pero están limitados en su saber, hasta donde su propio razonamiento les da a entender y comprender. Mas la sabiduría espiritual no sólo abarca el terreno espiritual, sino también el material.
Un hombre comprendiendo sólo lo material, ignorando lo espiritual, no es un ser completo; así como quien rechaza la ciencia material, refugiándose en sólo lo espiritual es ignorante de grandes verdades.
Hay dos naturalezas en cada uno de nosotros, la material y la espiritual. El hombre rechaza su parte espiritual
 
porque no le contempla, no le ve como él quisieraMas puede sentir y por medio de ese sentir que se manifiesta en diversas formas en su mismo ser, hallar su naturaleza espiritual.
Nuestro cerebro percibe su entorno material y todo cuánto vamos experimentando a lo largo de nuestra existencia; ese aparato guarda, almacena nuestras experiencias que servirán en un futuro, para sacar deducciones o conclusiones de todo cuanto acontece a nuestro alrededor.
El libre albedrío no se refiere a ciencias materiales, o algo tan sencillo, como por ejemplo, si tenemos un limón y una pera, el elegir el que es más grato a nuestro paladar. La mayoría elegiríamos la pera por su sabor dulce y agradable, y eso lo interpreta nuestro cerebro, porque sabe por experiencia, que el limón no le ofrecerá un buen sabor a su paladar.
El libre albedrío no es un asunto material sino espiritual, se refiere a las posibilidades que tiene nuestro espíritu para ELEGIR sus actos y obras.
Nuestro don de libre albedrío no se ocupa de cosas superficiales como sería el elegir una pera o un limón, sino de todas las cosas profundas que tienen repercusión en la existencia del propio espíritu, ya sea que este encarnado o desencarnado. Un ejemplo sería nuevamente lo que sucede en nuestras propias familias: Cuando hay discusiones, muchas de las veces nuestro espíritu elige el no perdonar, el llenarse de rencor y resentimientos hacia su propio padre, madre o hijo. Con su libre albedrío puede elegir la virtud del perdón o no, y la elección que elija repercutirá en su hogar.
Otro ejemplo más, sería el gobernante de una nación, que en un momento de elección y decisión puede provocar una guerra o no. Es una acción que repercutirá no sólo en él, sino en un inmenso número de personas. ¿Qué elegirá? Si la ambición es su meta y quiere satisfacerla a consta de muchas existencias, hará la guerra; mas si por su razonamiento elige el no llevarla a cabo, entonces su pensamiento no se materializo y no tuvo una repercusión negativa ni en él ni en lo
s demás. Si cualquiera de nosotros en un momento de cólera diésemos muerte a alguien más, esa acción, esa elección, repercutirá en nuestro espíritu tanto en su existencia material como en la espiritual.
Somos generadores de pensamientos y esos pensamientos en su materialización, repercuten para beneficio o perjuicio nuestro y de muchos más.
La humanidad por su espíritu tiene la facultad de razonar y reflexionar sus hechos y sus obras. Y por su libre albedrío el elegir para bien o mal suyo. Que ella desconozca esto o no le importe, eso no significa que no tenga que experimentar en ese mismo instante o en un futuro cercano o lejano el efecto de sus hechos... el sabor dulce o amargo de su elección.
Es por eso que, el hombre que desconoce o no le da importancia a su naturaleza espiritual no es un ser completo, es un ser que va por los caminos tropezando de un lugar a otro. Si él por un momento considerara esto, se libraría de muchos tropiezos, llanto y sufrimientos.

 

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